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Dependencias emocionales

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¿Te has preguntado porqué muchas veces no puedes ser feliz, teniendo todo?
Yo sí. Lo he sufrido en carne propia.
De pronto te encuentras con que , tienes un trabajo, estudias, tienes una familia que te quiere, hay muchas personas que te quieren y a quien tú quieres... Y no eres feliz.

Algo te ata. Las pérdidas de seres queridos dejan un gran hueco que debe ser llenado, pero muchas veces no lo es de la manera adecuada. Muchos pensamos que una pérdida es sólo cuando alguien fallece y no es sólo así.
Se da mucho cuando somos pequeños... y nos aferramos a una persona sin darnos cuenta.

Muchos pensamos que somos dependientes a los padres. Y no siempre es así. Podemos hacernos dependientes de un hermano como en mi caso. Podemos hacernos dependientes de nuestra mamá. De nuestro papá.

Todos los que tenemos hermanos, sufrimos una pérdida. Todos.
El primer hijo sufre una pérdida emocional cuando nace su hermano, sobre todo cuando no se llevan mucho tiempo y tiene que compartir los brazos y cariño de sus padres.
Se puede dar también cuando las madres trabajan siendo sus hijos muy pequeños. Se puede dar cuando las mamás no son muy afectuosas con los bebés.

En mi caso y el de mis hermanos, nuestra mamá no era muy cariñosa porque nadie le había enseñado a serlo. Ella no creció con palabras bonitas, ni abrazos, ni besos como la mayoría de los bebés.

Mi abuelita materna era sirvienta y al tener a sus hijos no podía cuidarlos como ella hubiera querido. Tenía que cumplir su trabajo, estar a toda hora disponible, porque desgraciadamente existen patrones que creen que una sirvienta es una persona a la cual pueden llamar a medianoche, a la cual pueden hablar a toda hora y que está hasta para adivinar sus pensamientos.

Sin día de descanso, sin un horario establecido. Tienen que dejar a sus hijos si les están dando de comer porque la patrona las llama. Si están jugando con ellos, tienen que dejarlos porque son requeridas.

Tienen que dejar a sus hijos en sus cuartos, sólos, a veces todo el día y sólo llevarles de comer para regresar a seguir trabajando. Y cuando por fin van a descansar, es sólo para ver que sus hijos se han dormido y se ha pasado un día más sin poder estar con ellos.
Así por años.

Esas son marcas que se quedan y patrones que siguen ésos hijos cuando son madres o padres.
Y no pueden evitarlo, porque no saben porqué son así. Mi mamá fué una de ésas niñas. Y entonces se aferran a la persona más cercana que llena la necesidad de afecto que tienen.
Pero no de una manera sana, porque no se establece una relación normal, sino de dependencia.
En el caso de mi mamá, su hermana mayor llenó ése hueco.

Un bebé no sabe qué necesita, sólo lo necesita. Y una persona adulta, puede llenar sus necesidades. Cuando es una niña quien lo hace, se establece una relación dependiente entre ambas.
Tan fuerte que nada la puede romper después, sólo una sanación verdadera del alma. Y cuando se establece una dependencia así, puede acarrear consecuencias para ésa persona y para los hijos de ella si no ha sido antes sanada.

Y vemos así a madres que entregan a sus hijos, porque no pueden cuidarlos. Los entregan a personas que ellos creen los van a cuidar como ellas no pueden. Se los entregan a la persona que ellas creen es la mejor para tener a sus hijos. Como en el caso de mi mamá, pero no sin antes haber dejado la huella en nosotros de su inmadurez emocional.
Y siempre las vemos cerca de su hermana o de la persona de la que son dependientes, llámese madre, padre, hermano, abuelos.

Cuando ésa dependencia es tanta porque la carencia ha sido mucha, llega a ser muy dañina para ésa persona porque nadie entiende qué le pasa.

Te invito a leer el siguiente artículo. Todos necesitamos estar conscientes de ésto, porque se pueden llegar a extremos tales como separarte de tu esposo, dejar a tus hijos, permitir que te golpeen, sólo por no alejarte demasiado de ésa persona.

Existen grupos que pueden ayudarte, como en mi caso. Neuróticos Anónimos.
O grupos parroquiales. Si es tu caso, por favor acude a uno.

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DEPENDENCIA EMOCIONAL Y VIOLENCIA DOMÉSTICA

por JORGE CASTELLÓ BLASCO

PSICÓLOGO-PSICOTERAPEUTA (VALENCIA)
La violencia doméstica es un fenómeno de gran actualidad, aunque posiblemente haya existido desde hace muchísimo tiempo. Es difícil agrupar en un mismo patrón a la cantidad de personas que sufren de malos tratos, a la vez que resulta complicado proporcionar un perfil único de los maltratadores. Las víctimas de la violencia doméstica pueden ser personas que han tenido la desgracia de emparejarse con sujetos extraordinariamente agresivos o posesivos, y no por ello tender hacia este tipo de individuos. Una vez entran en una dinámica de agresiones y humillaciones, posiblemente les cueste salir de ella tanto por su propia situación (dificultades económicas, aislamiento del entorno, etc.) como por las amenazas de su pareja, que lamentablemente resultan muy creíbles. Por lo que respecta a los maltratadores, la mayoría de las veces varones, su comportamiento puede ser el resultado de la interiorización de unas normas machistas, que consideran a la mujer como una persona-objeto sobre la que pueden descargar sus frustraciones o en la que simplemente deben demostrar su poder. Estas normas culturales machistas pueden no ser las vigentes en nuestra sociedad, pero sí existir en otras o aparecer en determinados entornos, muchas veces desfavorecidos. Los maltratadores también pueden ser personas sin escrúpulos y con una gran carga de hostilidad hacia el resto de la gente, desplegando su comportamiento antisocial hacia su pareja con el fin de amedrentarla y tenerla a su disposición, o por el mero disfrute con su dolor. Es habitual que este tipo de maltratadores cuenten con un amplio historial delictivo.

Pero con esta breve explicación no alcanzamos a comprender la totalidad de perfiles tanto de víctimas como de perpetradores de violencia doméstica. Como hemos afirmado, no se pueden englobar en un mismo patrón a estas personas. Existe un determinado tipo de individuos víctimas de malos tratos que desconcierta a los profesionales de la salud mental, asistentes sociales, fuerzas de seguridad y resto de la gente en general. Este grupo de víctimas no denuncia a sus agresores (y, en estas personas, este hecho no se debe al miedo), retira las denuncias si es que alguna vez se han producido, visita a sus parejas a las cárceles, incumple órdenes judiciales de alejamiento por malos tratos repetidos, etc. Pero lo más significativo es que estas personas, habitualmente mujeres, afirman con rotundidad que continúan queriendo con locura a sus parejas. Y no sólo eso, sino que una ruptura de una relación de este tipo vendrá seguramente acompañada de intentos desesperados de retomarla, o bien del inicio de una nueva pareja de similares características.

De la misma forma, un grupo de maltratadores también es bastante peculiar. Las continuas agresiones a sus parejas se acompañan de un sentimiento insano de posesividad, con unos celos habitualmente patológicos que denotan tanto la necesidad como la suspicacia que tienen hacia la persona que atacan. Dicha necesidad se manifiesta igualmente en el establecimiento de una nueva relación de pareja con similares características si se disuelve la anterior; o en intentos que pueden ser tanto de remordimientos, con súplicas y promesas de cambio de comportamiento, como de agresiones todavía más feroces (que son las que continuamente aparecen en los medios de comunicación) para evitar la ruptura.

El comportamiento de estos grupos de víctimas y de perpetradores es notablemente paradójico, porque no tiene sentido que una persona tienda a relacionarse con otra que la agrede, maltrata y humilla sistemáticamente. Asimismo, es desconcertante en los maltratadores que tras sus agresiones exista una necesidad posesiva hacia la pareja, porque lo lógico sería que si la odian no tuvieran inconveniente alguno en romper la relación.


2.- Concepto de dependencia emocional
La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. No obstante, su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones sino en la personalidad de estos sujetos; es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque su patología provoca que busque otra desesperadamente. De hecho, una de sus características es que no soportan la soledad, algo que veremos más adelante.
Dos aspectos característicos emergen de la definición: en primer lugar, que la necesidad es excesiva y que por tanto no se reduce a la propia de una relación amorosa; en segundo lugar, que dicha necesidad es de carácter afectivo y no de otro tipo (pensemos en el clásico “trastorno de la personalidad por dependencia”, en el que la indecisión y la sensación de inutilidad o desvalimiento personal es lo que une a la persona de la cual se depende).

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3.- Características de los dependientes emocionales

Las características que a continuación vamos a enumerar en torno a la dependencia emocional se dan en los casos que podemos catalogar como patológicos y estándar. Estas dos matizaciones se deben a que la dependencia emocional es un continuo que empieza con la normalidad y termina con la patología, por lo tanto existen diferentes niveles de gravedad. En las dependencias más leves encontraremos sólo algunas de estas características. Además, la dependencia emocional puede adoptar diversas formas que alteran sustancialmente a la que estamos definiendo como “estándar”. Una de estas formas, que describiremos más adelante, explica el comportamiento del grupo de maltratadores al que hacíamos referencia; mientras que la “estándar” daría cuenta, entre otras, del proceder de determinadas personas víctimas de violencia doméstica.

Dividiremos estas características en tres áreas: relaciones interpersonales (con especial hincapié en las de pareja), autoestima y estado anímico:

1) Relaciones interpersonales:
· Tendencia a la exclusividad en las relaciones. Esto se da tanto en las relaciones de pareja como en las amistades de estas personas, sintiéndose más cómodas hablando con un único amigo que en un grupo numeroso, en el que no se tiene el suministro afectivo necesario y pueden, paradójicamente, encontrarse más solas. Esta exclusividad, dentro ya de las relaciones de pareja, da a entender que más que cariño hay necesidad hacia el otro, implica una cierta falta de construcción personal. Asimismo, ilustra a la perfección la similitud con otras adicciones, en tanto que dicha exclusividad y enganche constante hacia la otra persona se produce también en ellas. La adicción se convierte en el centro de la existencia del individuo y todo lo demás queda al margen, incluyendo trabajo, familia o amigos. De conservar amistades suelen ser de uno a uno y para hablar sobre la pareja, que se convierte en el tema favorito de conversación.
· Necesitan un acceso constante hacia la persona de la cual dependen emocionalmente. Esto se traduce en un agobio asfixiante hacia ella con continuas llamadas, mensajes al móvil, aferramiento excesivo, deseo de hacer con ella cualquier actividad, etc. La motivación de este acceso constante es por un lado la necesidad emocional y por otro la ansiedad por una posible pérdida del otro.
· Necesitan excesivamente la aprobación de los demás. De hecho, sondeando en los antecedentes patológicos de estos pacientes aparecen en muchas ocasiones historia de trastornos de la alimentación. Esto indica el desequilibrio emocional subyacente, su autorrechazo y también los deseos de agradar (en el caso de los trastornos alimentarios, también físicamente) a los demás.
· Ilusión al principio de una relación o cuando conocen a una persona “interesante”. Esta ilusión tiene mucho de autoengaño, de la misma forma que cuando se da una ruptura pueden pensar que por ver de vez en cuando a su pareja no se van a volver a enganchar a ella, o que si ésta ha prometido dejar de agredirles sistemáticamente creer que en esta ocasión será cierto.
· Subordinación en las relaciones de pareja. Es un medio para preservar la relación a toda costa, algo que hacen muy bien y que es atrayente para sus parejas por el suministro narcisista que les proporciona. Las relaciones de pareja de los dependientes emocionales son marcadamente asimétricas, desequilibradas. Uno de sus componentes es el que domina claramente en la pareja y el otro (en este caso, el dependiente emocional) sólo se preocupa de su bienestar, de hacer lo que su pareja desee, de magnificar y alabar todo lo que hace, de ser el objeto de su desprecio narcisista e incluso a veces de su rabia, tanto psíquica como física.
· Idealizan a sus parejas y las escogen con unas características determinadas: ególatras, con gran seguridad en sí mismas, frías emocionalmente, etc. El narcisismo de estas personas es la contrapartida de la baja autoestima de los dependientes emocionales, por eso se produce esta idealización y fascinación.
· Las relaciones de pareja atenúan su necesidad, pero siguen sin ser felices. De todas maneras tampoco esperan serlo porque su existencia es una sucesión de desengaños y no tienen el componente esencial del bienestar: quererse a sí mismos. Este componente, por otra parte, es fundamental para poder llevar a cabo relaciones de pareja sanas, equilibradas y mutuamente gratificantes. Esta sensación de tristeza y de vida torturada se manifiesta con claridad cuando nos damos cuenta de que realmente no echan de menos el afecto y a veces el respeto que la pareja debería tenerles, simplemente es algo desconocido para ellos. Esto es algo que resulta difícil de entender cuando tratamos con estas personas.
· Pánico ante la ruptura y gran posibilidad de padecer trastornos mentales en caso de que se produzca. De hecho, uno de los dos motivos principales de consulta de los dependientes emocionales es el padecimiento de una psicopatología (generalmente, un episodio depresivo mayor) tras una ruptura. Este sufrimiento se puede producir con una persona que ha hecho la vida imposible o que incluso ha maltratado al dependiente emocional. En estos casos, el paciente no deja de recordarnos a un toxicómano en pleno “síndrome de abstinencia”; es más, son muy frecuentes la negación de dicha ruptura y los continuos intentos y exhortaciones para reanudar la relación. Es necesario añadir que esta tormenta emocional amaina milagrosamente cuando aparece otra persona que cubra las necesidades afectivas del dependiente, y es muy frecuente que la ruptura se produzca cuando se tiene ya otra relación. Cuando esto se produce, el centro de la existencia pasa a ser la nueva pareja. La diferencia con personas “normales” es que éstas suelen guardar un periodo que podríamos calificar como de duelo tras una ruptura amorosa, período en el que no se tienen muchas ganas de tener a otra persona porque la anterior todavía ocupa un lugar privilegiado.
· Tienen un miedo e intolerancia terribles a la soledad, base de su comportamiento ante las rupturas, de su necesidad de otra persona, del apego y parasitismo que tienen hacia ella u otras personas, etc. Esta intolerancia a la soledad se debe a que la relación del dependiente consigo mismo es muy negativa; con otras palabras podemos afirmar que “no se soportan”.
· Presentan cierto déficit de habilidades sociales, como falta de asertividad. También destaca el egoísmo, fruto de la necesidad patológica que tienen hacia otra personas. La exclusividad y el agobio que pueden llevar a cabo también hacia amistades denota precisamente ese egoísmo. Pueden tener a otra persona al teléfono hablando de su pareja durante mucho rato sin importarles, por ejemplo, que tengan visita o que se tengan que marchar por cualquier motivo.

2) Autoestima:
· Autoestima y autoconcepto muy bajos. No esperan ni echan a faltar el cariño de sus parejas porque tampoco lo sienten hacia sí mismos, y generalmente tampoco lo han tenido de sus personas más significativas a lo largo de sus vidas. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que así como el miedo a la soledad es uno de los rasgos distintivos de los dependientes emocionales, la falta de autoestima es el fundamento de dicho rasgo. El autoconcepto es también bajo por simple coherencia con la autoestima, aunque esto en ocasiones no es así en tanto pueden desarrollar habilidades a lo largo de su vida en las cuales adquieran confianza y seguridad (por ejemplo en el área laboral).

3) Estado de ánimo y comorbilidad:
· Manifiestan estar tristes y preocupados. Antes hemos hablado sobre la sensación de tristeza e infelicidad que planea sobre las vidas de los dependientes emocionales; el estado de ánimo es por tanto disfórico y con tendencia a las rumiaciones sobre posibles abandonos, sobre el futuro de la relación, el miedo a la soledad y qué podrían hacer para mitigarlo, etc. En consecuencia, la sintomatología ansiosa también es relevante. Las comorbilidades más frecuentes son, por tanto, con trastornos depresivos y ansiosos, y hay que considerar la posibilidad de antecedentes de trastornos de la alimentación como la anorexia o la bulimia.


Como síntesis de estas características podemos extraer las que consideramos básicas para la dependencia emocional, que deben estar presentes necesariamente para que una persona merezca este diagnóstico. Son las siguientes:
a) Miedo e intolerancia a la soledad.
b) Historia de relaciones de pareja gravemente desequilibradas, o una única relación que por su duración ha ocupado la mayor parte de la vida adulta del sujeto.
c) Baja autoestima.

Las causas de la dependencia emocional son lo suficientemente extensas y complejas como para no profundizar en ellas en este artículo. No obstante, sí podemos anticipar que, entre otros factores, la mezcla de carencias afectivas tempranas y el mantenimiento de la vinculación emocional hacia las personas que han resultado insatisfactorias son las responsables de la génesis de la dependencia.

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4.- La dependencia emocional dominante

Como hemos dicho, la forma estándar de dependencia emocional es la que acabamos de describir. Esta forma estándar, en sus grados más extremos de gravedad, es la responsable a nuestro juicio del comportamiento del grupo de personas víctimas de malos tratos que continúa amando a su pareja. Sin embargo, existen lo que hemos denominado “formas atípicas” de dependencia emocional, en las que este fenómeno aparece simultáneamente con otros. Una de estas formas atípicas es la dependencia dominante, coexistiendo aquí tanto la necesidad afectiva propia de la forma estándar, como una intensa agresividad hacia la pareja. La ambivalencia resultante es la responsable del comportamiento peculiar del grupo de maltratadores al que hemos hecho referencia al comienzo de este artículo.

Los dependientes dominantes se caracterizan, como su propio nombre indica, por tener relaciones de dominación en lugar de sumisión, sin por ello dejar de sentir dependencia hacia su pareja. Ya hemos visto en la dependencia emocional normal que las relaciones de pareja se caracterizaban por la sumisión y la idealización. En el caso de la dependencia dominante se da simultáneamente con la necesidad afectiva un sentimiento de hostilidad. Se puede interpretar esta hostilidad como una especie de venganza por las carencias sufridas, que ciertas personas con una autoestima algo más sólida se pueden permitir el lujo de mostrar. Estas personas suelen ser varones, lo cual tiene posiblemente implicaciones tanto biológicas como culturales, en tanto éstos tienen presiones sociales para adoptar posiciones de fuerza y competitividad, y cierta facilidad para la desvinculación afectiva hacia los demás.

Estos dependientes dominantes establecen relaciones de pareja desde una perspectiva superior, de dominio, y utilizan a su pareja para satisfacer sus sentimientos ambivalentes (la ambivalencia es la presencia simultánea de afectos positivos y negativos que entran en conflicto). Por un lado atacan, controlan, dominan o incluso humillan a su pareja. Esto refuerza al mismo tiempo su autoestima porque niegan así su otro sentimiento fundamental, la dependencia. Pero detrás de esta posición de superioridad se esconde una profunda necesidad y control del otro, al que quieren siempre consigo y en exclusividad. En este tipo de dependencias son muy comunes los celos, incluidos los patológicos, que encubren la necesidad y la posesión que sienten hacia su pareja. Digamos que con esta actitud de dominio obtienen lo mismo que desea el dependiente emocional estándar, que es la presencia continua de su pareja, y además contentan otra tendencia más hostil y dominante, satisfaciendo así su ego y su rencor hacia las personas.

¿Cómo se sabe que hay una dependencia tras la dominación y la hostilidad?, porque está claro que muchas veces no es así. Tenemos que sospechar la presencia de sentimientos de dependencia afectiva cuando a pesar de la hostilidad, la crítica, el desprecio o el aparente desinterés, estas personas no rompen la relación, siempre y cuando no obtengan una gratificación narcisista de ella en forma de recibimiento de alabanzas o de fascinación por parte de su pareja (si es así, posiblemente ésta sea dependiente emocional convencional) o que haya un interés personal o material por medio. Además de esto, observando el tipo de interacción entre ambos o entrevistando por separado a los componentes de la pareja, nos daremos cuenta de que sea por un motivo o por otro el dependiente dominante se las ingenia para estar con la otra persona, a la que supuestamente desprecia, o bien mantiene el contacto con ella. Otro hecho que nos debe alertar de la presencia de este fenómeno es que estas personas niegan rotundamente cualquier sentimiento positivo hacia la pareja, cuando se puede sospechar de ellos como único motivo del mantenimiento de la relación.

Un procedimiento que se puede utilizar para confirmar la presencia de dependencia emocional larvada en estas personas ambivalentes es proponer un tiempo de separación o de ausencia de contacto entre la pareja. Si la hostilidad, dominación y desprecio son “puros” aguantarán perfectamente este periodo, porque realmente no tienen sentimientos positivos hacia la otra persona; de existir dependencia la llamarán con cualquier excusa por la necesidad imperiosa que tienen.

Pero sin duda este fenómeno se destapa e incluso se reconoce por el que lo padece cuando se produce una ruptura. Como es fácil imaginar, las rupturas son frecuentes en este tipo de relaciones porque la otra persona se cansa de las críticas, de la hostilidad, del desprecio, de hacer siempre lo que el dominante quiere o de observar cómo niega tanto para sí mismo como para los demás cualquier sentimiento positivo hacia ella. Cuando se da la citada ruptura, el dependiente dominante puede reaccionar exactamente igual que cualquier otro dependiente emocional: entra en una profunda depresión, suplica a su expareja que se reanude la relación, le promete que cambiará, reconoce lo mal que se ha portado, etc.

La pareja de estos dependientes se sorprende de que después de la ruptura muestre que tras la fachada de superioridad, dominación, cinismo, desinterés u hostilidad, se escondía una profunda necesidad afectiva. Esta sorpresa se acompaña en la mayoría de los casos de indignación y suele ser un motivo por el que la relación no se reanuda. Además, está el fundado temor de que al retomar la relación estos dependientes vuelvan a su anterior pauta de interacción.

Pero tras la ruptura, los dependientes dominantes pueden reaccionar de una forma bien distinta. Si su tendencia hostil es superior a su necesidad afectiva, en lugar de implorar reanudar la relación pueden vengarse de la afrenta recibida, que interpretarán como la confirmación de sus sospechas sobre la falta de sentimientos de su pareja o sobre presuntas infidelidades de ésta. La idea de posesión absoluta es tan grande que no podrán siquiera imaginar que la persona que es de su propiedad, según ellos, tiene ahora “libertad” para hacer lo que desee. El odio por no poder satisfacer su necesidad reavivará viejas heridas por desengaños interpersonales sufridos durante toda su vida, con lo que se abren las puertas para un desenlace trágico. La mezcla de necesidad enfermiza y de odio hacia una misma persona es extremadamente patológica, y causa sufrimiento tanto en la persona que la padece como sobre todo en el destinatario de estos sentimientos.


5.- Conclusiones.

Hemos intentado clarificar el comportamiento de un grupo determinado de personas víctimas de violencia doméstica y de otro grupo de maltratadores, que no necesariamente tiene que coincidir en una misma relación. Para ello hemos utilizado un modelo novedoso que recibe el nombre de “dependencia emocional”, y que en los trabajos citados al comienzo de este artículo hemos propuesto como un trastorno de la personalidad. Esperamos que la utilización de dicho modelo aporte algo de luz a fenómenos como la violencia doméstica que día a día no dejan de desconcertarnos.


[1] Castelló Blasco, J. ANÁLISIS DEL CONCEPTO "DEPENDENCIA EMOCIONAL". I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000; Conferencia 6-CI-A: [52 pantallas]. Disponible en: http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa6/conferencias/6_ci_a.htm
[2] Castelló Blasco, J. TRATAMIENTO DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL EN LA MUJER. II Symposium Nacional sobre Adicción en la Mujer.
[3] Castelló Blasco, J. DEPENDENCIA EMOCIONAL: CARACTERÍSTICAS Y TRATAMIENTO. En prensa.

Jorge Castelló
Psicólogo
jorge.consulta@teleline.es


  1. Objetivo
  2. Ejercicio de autoconocimiento
  3. Generalidades
  4. Esto es dependencia emocional
  5. Concepto
  6. Antecedentes
  7. ¿Cómo es el dependiente emocional?
  8. ¿Cómo son las relaciones del que padece de dependencia emocional?
  9. ¿Cómo es la persona escogida por el dependiente emocional?
  10. Factores causales
  11. Nuestro miedo, factor de control que debemos desaprender

OBJETIVO:

Facilitar los elementos y acciones firmes que requiere la practica de nuestro Tercer Paso, para lograr una serenidad permanente y una vida satisfactoria y útil a través de buscar la independencia espiritual.


Hemos reflexionado alguna vez acerca de: ¿al cuidado y protección de quién he decidido poner mi vida?, ¿la he colocado en manos de mi familia, mis amigos, etc.?, ¿la tengo depositada al cuidado de la voluntad de un Poder Superior?.


EJERCICIO DE AUTOCONOCIMIENTO:

¿En mi infancia, de quienes me interesaba adquirir aprobación y afecto?.
¿Cómo obtenía muestras de afecto, aprobación y aceptación de los adultos más importantes en mi vida?
Veamos nuestra relación de pareja (o relación con la persona más importante actualmente) y pensemos:


1. ¿Cuál fue mi motivación para empezarla? :
¿Verdadero amor?
¿Mi temor a la soledad?
¿Mi necesidad de ser aprobado socialmente?
¿Mi necesidad de obtener afecto?
2. ¿Esta relación me permite? :
¿Ser yo mismo?
¿Hacer las cosas que me gustan?
¿Sentirme realizado?
¿Estar satisfecho con el complemento que me otorga la otra persona?
GENERALIDADES

Continuamente sentimos que estamos complaciendo los deseos y necesidades de otras personas sin haber alcanzado los nuestros; consideramos que trabajamos demasiado y los demás aprecian poco lo que hacemos; que les brindamos toda la atención que necesitan ante sus dolencias, perturbaciones, malestares, y sin embargo cuando somos nosotros quienes necesitamos de ellos no les importa como estemos o como nos sintamos.

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ESTO ES DEPENDENCIA EMOCIONAL:

  1. Si los otros están contentos con nosotros entonces somos felices, si los demás: Familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc., nos aprueban, entonces sentimos que valemos la pena.
  2. Sufrimos de un profundo temor porque lo que digamos o hagamos pueda ofender a alguien y mejor evitamos los desacuerdos para no ser rechazados.
  3. Estamos constantemente anteponiendo las necesidades, deseos y demandas de los demás, a las nuestras. Decimos si, cuando realmente deseábamos decir no.
  4. Estar en manos de otras personas para poder percibir lo bueno de nuestra propia imagen, obtener felicidad a cambio de sacrificar lo que realmente deseamos y necesitamos por temor a ser abandonados, desplazados o rechazados.
  5. En vez de construir y ganar nuestra propia autoestima, estamos buscando la opinión de otros para obtenerla.

CONCEPTO

La dependencia emocional es "un patrón de necesidades emocionales insatisfechas desde la niñez, ahora de mayores buscamos satisfacer, mediante la búsqueda de relaciones interpersonales muy estrechas".


ANTECEDENTES

No fuimos adecuadamente amados, valorados, comprendidos y apreciados, por las personas que fueron más significativas para nosotros (papá, mamá, personas que nos criaron, maestros, etc.). Es un proceso subconsciente de larga duración que se inició a corta edad.
En la medida que nuestros padres nos ayudaron o fallaron en satisfacer nuestras necesidades de afecto siendo apenas unos niños, empezamos a formarnos emocionalmente. Esto establece los vínculos determinantes con las personas que me rodean en el presente.

Los seres humanos sentimos el afecto o la falta de él, desde que estamos en el vientre de la madre. Registramos todas las emociones maternas y desde allí hasta que llegue cerca de los 6 o 7 años, el trato que nos brinden determinarán nuestro carácter.

De niños sentimos la amenaza de perder el afecto de nuestros padres si no acatábamos lo que ellos decían, es decir, desde muy temprano en la medida en que dicho sometimiento era más o menos intenso, aprendimos a amarnos y apreciarnos o a rechazarnos y renunciar a nosotros mismos: "hacemos todo lo posible para cumplir con sus expectativas, muchas veces alimentadas por su frustración o patrones deteriorados que nos convierten en víctimas del abuso emocional a temprana edad".

El modelo de la familia en que nos criamos continúa empleando como en los viejos tiempos, el chantaje afectivo como un mecanismo para obtener sumisión y obediencia, es decir, nos acostumbramos y vemos como natural el hecho de que para evitar perder el afecto de nuestros padres, amigos o parejas, tengamos que renunciar a nuestras intereses permitiendo que nos gobiernen las de ellos:
    • Para tener contento a papá y mamá había que sacar buenas notas, de lo contrario nos hacían sentir que éramos los culpables de su ira, de su disgusto y de los castigos que nos brindaban.
    • Nuestros amigos o amigas eran aquellas personas que gozaban la aprobación de nuestros progenitores, de lo contrario teníamos que sostener amistades clandestinas y relaciones secretas, que era peor.
    • Cuando mamá se enojaba por algo que no hacíamos y que no era de su agrado, nos amenazaba con "ya no te voy a querer", "me voy a enojar contigo y ya no te voy a hablar", y en casos extremos nos amenazaban con "te voy a regalar con ese viejito que viene allí" o " hay que te robe ese hombre, yo ya no te quiero". Nos llenaban de terror ante la amenaza de perder la protección y seguridad que solo obtenemos de ellos.
Así se doblega nuestra voluntad y nos convierte en los adultos sumisos que nos vamos a tragar todo el descontento que significa establecer relaciones destructivas con las personas menos indicadas, pero que nos harán repetir una y otra vez ese círculo de temor oculto y baja autoestima en que nos quedamos estancados y que nos incapacitará para enfrentar los momentos más críticos de nuestra vida.
Equivocadamente en nuestra vida de adulto, hemos decidido que otras personas deben cubrir nuestras carencias tempranas de afecto y aprobación que no hubo en la infancia.


¿ CÓMO ES EL DEPENDIENTE EMOCIONAL?

  • Continuamente se encuentra padeciendo de graves necesidades emocionales, principalmente de falta de afecto.
  • No espera ni busca cariño porque nunca lo ha recibido y tampoco por esa misma razón esta capacitado para darlo.
  • Simplemente se apega a alguien que idealiza.
  • Le interesan personas indeseables porque su deficiente autoestima le provoca fascinación al encontrar una persona tremendamente segura de sí misma, con cierto nivel de éxito o capacidades, a veces más supuestas que reales.
  • Entiende el amor como "apego", enganche, sumisión, admiración a la otra persona y no como un intercambio recíproco de afecto.



¿ COMO SON LAS RELACIONES
DEL QUE PADECE DE DEPENDENCIA EMOCIONAL?
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Su relación con otra persona se basa en la necesidad excesiva de aprobación:

    • Vive preocupado por caer bien, incluso a personas que ve por primera vez o desconocidos.
    • Se empeña en lucir una buena apariencia.
    • Expresa de distinta manera sus demandas de atención y afecto: haciendo regalos o favores que no le piden, preocupándose y estando pendientes de los demás, etc.


Está lleno de expectativas irreales por su anhelo exagerado de tener pareja:

    • Se llena de ilusión y fantasía al comienzo de una relación, creyendo que ha encontrado a la persona que siempre ha andado buscando o al encontrarse con una persona interesante.
    • Uno de los pocos momentos felices de su vida es al iniciar una relación o ante la posibilidad de que eso ocurra.


Anhela relaciones exclusivas y parasitarias:

    • Siente necesidad continua de disponer de pareja, amigos, hijos, etc.
    • Vive pendientes de ellas, incluso llamándolas constantemente a su trabajo, controlándolas, vigilándolas, queriendo conocer hasta el último detalle de lo que hacen con su vida privada.
    • Invade la vida privada de la otra persona.
    • Agobia a su pareja con excesivas demandas de atención, de consideración.

Ocupamos una posición subordinada en la relación:

    • Por la pobre autoestima.
    • Elige parejas narcisistas o explotadoras.


La relación conduce a una continua y progresiva degradación:

    • Soporta desprecios, maltrato físico o emocional y humillaciones.
    • No recibe verdadero afecto.
    • Sus propios gustos e intereses son relegados a un segundo plano.


Son relaciones que no llenan el propio vacío emocional, solo lo atenúan y lo agravan, porque el problema no está resuelto y para hacerlo se debe entrar en contacto y conocimiento de los propios sentimientos más ocultos:

    • No recibe afecto, deteriorando aún más la autoestima.
    • No se conoce lo que se demanda porque nunca se ha tenido.


Las rupturas son auténticas traumas:

  • El deseo de tener una relación es tan grande que se busca una relación después de otra.
  • Se tiene un prolongado historial de rupturas y nuevos intentos.
  • Cae en estados depresivos.


Posee una autoestima muy pobre y un auto-concepto negativo:

  • No se ama a si mismo porque nunca ha sido adecuadamente amado, ni valorado por las personas significativas, sin dejar por esto de estar vinculadas a ellos.
  • El desamparo emocional y su vacío se manifiestan más cuando no está enredado en una nueva relación.

Los trastornos emocionales se hacen mayores:

    • Depresión (muy grave cuando la relación se rompe)
    • Ansiedad (más agudizada cuando la relación está en crisis.
    • Abuso de sustancias (especialmente cuando la relación peligra.


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¿ COMO ES LA PERSONA

ESCOGIDA POR EL DEPENDIENTE EMOCIONAL?
Son personas que reúnen condiciones para ser idealizadas:

  • Posee un alto concepto de si mismas.
  • Ocupan posiciones emocionalmente superiores a la


autoestima de la persona dependiente.
Son narcisistas y explotadoras:

    • Las personas elegidas son muchas veces manipuladoras, narcisistas.
    • Carecen de empatía y afecto.
    • Creen que poseen privilegios y habilidades fuera de lo común.
    • Nuestro carácter sumiso y torturado como dependiente emocional no hace más que perpetuar estos rasgos.


Buscan una posición dominante en la pareja:

    • La persona dependiente asume la posición subordinada.


Los dependientes emocionales se someten como un medio para preservar la relación:

    • No ensombrece, ni opaca su imagen porque no les hace sombra nuestra baja autoestima.
    • Les admiramos continuamente.
    • Ignoramos sus defectos y ensalzamos sus virtudes.
    • Aceptamos como normales su desprecio, la humillación, la vergüenza en público.


FACTORES CAUSALES
Nuestra carencia temprana de afecto:

  • No fuimos adecuadamente queridos y valorados por las personas más significativas en nuestra vida aunque lo deseáramos con todas nuestras fuerzas y no podíamos renunciar a esa relación.


Aprendimos que la sumisión es una estrategia:

  • Para evitar el abandono, el rechazo.
  • Para obtener seguridad, protección.
  • Aprendimos que para ser amados debíamos cumplir con la expectativa de los demás, nunca importunarlos o alterarlos o provocarlos, antes bien sofocar sus estados de ánimo que nos hacían daño.


Interpretamos el amor como un apego obsesivo y admiración hacia la otra persona en lugar de un intercambio recíproco de afecto.

  • Rechazo materno.
  • Por la crianza fría, frustrante que nos dieron.
  • Hubo presencia física pero no emocional de nuestros padres.


Mantenemos la vinculación emocional aún siendo insatisfactoria y suframos la crueldad y el maltrato.
NUESTRO MIEDO,
FACTOR DE CONTROL QUE DEBEMOS DESAPRENDER.

¿ QUE DEBEMOS RESOLVER PARA ALCANZAR EL OBJETIVO DEL TERCER PASO:

LA INDEPENDENCIA ESPIRITUAL, SER LIBRES Y CRECER?
  • Nuestros sentimientos infundados de culpa:


Lo cual nos hace sentir responsables de la felicidad, la tristeza o la insatisfacción de los demás.
  • La ira y el resentimiento que hemos acumulado:


Por no manifestar lo que siento contra los demás o hacia los otros como única manera de preservar las condiciones de aparente paz.
  • El dolor sin resolver:


Que me hace volverme duro por lo que creo debí haber dicho o hecho y no lo hice o no lo dije o no fui capaz de poner límites para evitar que abusaran de mi buena voluntad en aras de preservar relaciones y afectos sin los que me siento desvalido.
  • El aislamiento:


Creyendo que evitar a los demás, no enfrentando los problemas, huyendo de los riesgos, son un efectivo un refugio para nuestro miedo y nuestra enfermiza tranquilidad.
  • El miedo:


Factor clave que mantiene con vida nuestra dependencia emocional.
  • El chantaje emocional:


Permitiendo que las personas que supuestamente nos aprecian y cuyo afecto es importante para nosotros nos impongan condiciones a través de gestos, comentarios, amenazas encubiertas o sanciones y castigos expresados a través del retiro de su confianza y su atención en aras de hacernos responder a sus intenciones, deseos y frustraciones. Para ver el cuadro seleccione la opción "Descargar" del menú superior
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